El valor de la vida

Podemos pensar el concepto de la vida en su vertiente biológica diciendo que la misma implica la capacidad de nacer, crecer, metabolizar, responder a estímulos externos y morir.

Sin embargo también es posible abordar este tema desde otras vertientes. Les propongo situar la vida como un transcurrir temporal inexorable. En la vida hay temporalidad, en cambio, en la muerte hay eternidad.

Porque la vida está inevitablemente ligada a la finitud es valiosa y digna de vivirse plenamente. Aún con los obstáculos, que siempre se nos interpongan.

En nuestro tiempo se piensa al sujeto como una unidad psíquica y somática. De modo tal que una enfermedad física puede enfermar el alma y una enfermedad psíquica puede tener consecuencias en el organismo. Por esta razón es muy importante pensar a nuestros pacientes desde este punto de vista integral.

Tomemos por ejemplo las enfermedades autoinmunes, en ellas el sistema inmunológico no puede establecer la diferencia entre tejido u órganos corporales sanos y antígenos. El resultado es una respuesta inmunitaria que destruye los tejidos u órganos normales. En los últimos años se ha producido un gran avance en relación los marcadores genéticos comunes asociados a enfermedades autoinmunes.

La pregunta que surge es: ¿Qué factores hacen que esta predisposición genética latente, desencadene la enfermedad?

Esta carga genética se encuentra en estado latente y un estado de gran estrés o un padecimiento psíquico muy profundo podría provocar el quiebre del sistema autoinmune y la aparición de la enfermedad. Lo psíquico lesiona lo físico. El organismo desconoce sus propias células y las destruye.

En muchas oportunidades el paciente recurre al médico pidiéndole alivio para sus males físicos, creyendo que su dolencia sólo tiene un sentido orgánico, sin embargo, las emociones negativas que no se expresan también son causa de enfermedad. Ese resentimiento o malestar se va acumulando y en algún momento se refleja en nuestra salud.

Las personas que tienen un rasgo de personalidad denominada afectividad negativa, lo que en la jerga vulgar puede traducirse como: “Este es un mala onda”, se caracterizan por experimentar ansiedad, insatisfacción personal, por lo general son sujetos introvertidos, negativistas y propensos al pensamiento catastrófico.

¿Cómo hacer para que esas emociones negativas no nos afecten con un impacto que lleve a enfermarnos?

En primer lugar es necesario entender que estas emociones que llamamos “negativas”, son naturales, cumplen una función e incluso son saludables si se trabaja sobre ellas para transformarlas.

Son naturales porque si tenemos un dolor tanto físico como psíquico, es la respuesta esperable, de otro modo estaríamos agravando la situación utilizando un mecanismo que se llama negación, que de todas maneras nos afectaría. Con esto quiero señalar que una persona enojada, triste, ansiosa, no puede ser catalogada como negativista. El tema es qué hacemos con ese malestar. Si no podemos transformarlo, descargarlo, modificarlo, ocurre que representa un estímulo interno del que no se puede huir, se hace cada vez más intenso y va tiñendo nuestra visión del mundo y de la vida.

Respecto a la función que cumplen, es la de responder a un estímulo interno (por ej. El dolor) o a un estímulo externo (por ej. La pérdida de un ser querido, una enfermedad, la pérdida de un trabajo, un amor, etc.). Ahora bien, qué hacemos con eso? Porque es lo que nos pasa! Muchas veces no podemos cambiar esa realidad!

Una manera de hacer frente a esas emociones es permitirnos estar tristes, enojados, desilusionados, es un tiempo en el que de a poquito tendremos que ir transformando esas emociones, procesando los hechos y …hablando sobre lo que nos pasa.

El lenguaje tiene una función de descarga. Lo que quiero significar es que las situaciones que nos afectan el alma es necesario que se procesen, que se hablen, es la única manera, que como psicoanalista, considero que se puede hacer algo diferente para que la vida valga la pena vivirla, así dice un viejo refrán.

Si re-alimentamos esos sentimientos negativos, no ayudamos a la tarea que le pedimos al médico que realice: Curarnos!!!

Quiero compartir una frase de una paciente, a quien admiro profundamente por su capacidad de dar amor, un sentimiento que ayuda a pacificarnos. El amor es energía, pero energía que va de la mano con la vida. Ayer, después de haber pasado por un control médico de su hijita que está enferma, atravesada por un inmenso dolor, transformando su propio padecimiento,me regaló una frase que me parece maravillosa y quiero compartirla con todos ustedes:

“…hay que seguir…para que los días de Juana sean lo más felices posible…ése es el camino!”

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